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Fortuna.

22° de mis #librosen2023.
Un buen libro pero, ni mucho menos, el mejor de 2023.

Expreso Miyagawa.

Llevo días un poco frustrado sin una buena taza, pequeñita, blanquita, cercana al ristretto o al espresso italianos. Pero no los encontraba. No hasta hoy. No hasta Takayama.

El jardín de Kenroku.

El jardín de Kenroku, en Kanazawa, es la representación más bella y armoniosa que he visto de convivencia entre hombre y naturaleza.

Hemos frenado.

La vida, siempre, nos para y anima a mirar dónde y por qué somos, y nos permite agradecer, mediante un contratiempo.

Cien años de soledad.

20° de mis #librosen2023.
¡Ay, Gabo! ¡Ay, ay, Gabo! ¡Ay, Aureliano; ay, Úrsula; ay, Arcadio; ay, Petra! Ay, todo Macondo y toda la magia que lo envuelve, que lo atraviesa y lo convierte en el lugar por excelencia.

Vida y destino.

18° de mis #librosen2023.
La vida en su inmensidad con el destino como protagonista, en una novela inmensa.

La odiosita.

17° de mis #librosen2023.
«La Odiosita» era patrimonio pero no de todos, y merecía serlo. Ahora es, ya, un poco de cada uno de sus lectores.

Nada.

16° de mis #librosen2023.
Laforet te hace acompañar a Andrea mientras te asomas a una vida atravesada por la pobreza en la que el hambre, la ropa andrajosa y las apariencias conforman una sociedad que se recupera del abismo.

Bibliotequitas.

A mí estas bibliotequitas de los hoteles y casas rurales me suponen un pequeño regocijo.

Describir el infinito.

¿Quién seré yo para ponerme a describir el infinito?